Cuando un regalo no te gusta
a lunes 01 de abril de 2002
Obsequiar no es un simple intercambio de objetos, ya que permite expresar sentimientos de amistad. Además, esta acción facilita fortalecer y cultivar las relaciones sociales. Por ello, es importante calibrar nuestras reacciones cuando no nos gusta un regalo.
Un obsequio tiene éxito cuando consigue expresar el afecto y el sentimiento que se profesa hacia la otra persona. En términos ideales, el regalo ha de sorprender. La sorpresa es una impresión grata en sí misma, que transmite la idea que la persona obsequiada es alguien importante para quien realiza el regalo; por tanto, se sentirá halagada por ello, con lo que no sólo aumentará su autoestima sino que también tenderá a establecer una relación más positiva con quien ha despertado este sentimiento.
Pero, ¿qué ocurre cuando esto no sucede? Deshacemos el envoltorio ilusionados y al abrir el regalo todo se viene abajo. En ese momento nos preguntamos ¿y qué hago yo con esto? He aquí unas claves para reaccionar cuando la frustración y la rabia se entremezclan.
En esa situación es conveniente pensar en el sentimiento que la persona ha depositado en el regalo y valorar su intención. Hay que tratar de recibir el mensaje aunque el "mensajero" no sea el ideal esperado. También es preciso ser delicado y agradecer todo el esfuerzo de quien nos ha obsequiado. Para ello es bueno pensar que nadie tiene la clave para el regalo ideal y que otro día puede ser uno mismo el que no acierte. Así, es recomendable aceptar la frustración pero buscar los aspectos positivos del regalo.
Sin embargo, si se tiene la impresión de que el obsequio está hecho con mala fe hay que esperar el momento oportuno y hablar con la persona de nuestros sentimientos. Esta ocasión puede ser idónea para resolver conflictos pendientes. A veces, esta sensación puede provenir de un error de interpretación. Hablar de ello con la persona nos permitirá comprobar nuestras conclusiones y, por tanto, deshacer malentendidos. Si con ello logramos fortalecer la relación, el regalo habrá tenido más éxito que si nos hubiese gustado de entrada.
Si la persona no es importante para uno y se ha comprobado su mala fe no hay que tomarlo como algo personal. Las frustraciones y los rencores que albergue el que ha hecho el regalo son parte de su individualidad, de su historia y de todo aquello que debe aprender y superar a lo largo de su vida. Si uno se ofende se entra a formar parte de una lucha que no es la suya. Asimismo es útil plantearse rehusar el regalo si se cree que tiene demasiadas implicaciones negativas.