El estrés, la depresión o la ira pueden favorecer la aparición de asma en individuos genéticamente predispuestos a desarrollarlo
Almudena Cortés, Canal Salud, Madrid a miércoles 11 de junio de 2003
Los trastornos psicológicos y los conflictos emocionales pueden ocasionar que un individuo, genéticamente predispuesto, desarrolle asma, según un último estudio desarrollado por el Dr. Ignacio Jáuregui.
En una de las investigaciones citadas en este estudio, se ha comprobado que los niños de 3 años que vivían en familias con paternidad problemática tenían muchas más posibilidades de ser asmáticos que el resto: "Sólo el 5,3 por ciento de los niños en familias de bajo estrés y paternidad adecuada desarrollan asma a los 3 años, frente al 25 por ciento en familias de alto estrés y paternidad problemática", señala el Dr. Jáuregui, de la Unidad de Alergología del Hospital de Basurto, en Bibao.
A su vez, el asma crea problemas psicológicos, lo que produce un círculo vicioso de broncoespasmo y trastornos psíquicos. Mientras que los índices de depresión en población general se mantienen en el 12,7 por ciento en hombres y el 21,3 por ciento en mujeres, entre pacientes asmáticos es del 20 al 50 por ciento, con una mayor tasa de afectación en personas que viven en el medio urbano. Para tratar a estos pacientes, el Dr. Jáuregui recomienda un tratamiento multidisciplinar, que incluya intervenciones psicológicas y conductuales, educación continuada o programas de intervención comunitaria.
La asociación entre la depresión y el asma puede deberse a las experiencias que se derivan de padecer esta enfermedad crónica, por ejemplo, el absentismo escolar o laboral, el no poder realizar ciertas actividades físicas, o el hecho de tener que acudir a urgencias con un ataque de asma son factores que pueden producir en el paciente una sensación de desamparo y temor. Estas crisis asmáticas pueden ocasionar una tendencia a culpabilizarse, lo que afecta a la autoestima, y esto a la vez puede afectar a la capacidad del paciente para reconocer y tratar adecuadamente los síntomas de asma y a su capacidad para enfrentarse a los problemas asociados con la enfermedad y las relaciones familiares, hecho que puede llevar al enfermo a la depresión.