Enfermedades y estrés
Julia Ruiz a jueves 03 de marzo de 2005
En la época que nos ha tocado vivir parece que hablar de estrés es decir algo normal en nuestras vidas, agitadas por demasiadas cosas por hacer y poco tiempo para ello. Esta presión es muy fuerte y muchas personas están sometidas a niveles de estrés mucho mayores de la apreciación que tienen ellos mismos sobre el estrés. En otros casos las mismas circunstancias en la vida no son llevadas de igual modo por todas las personas, por lo que unas lo afrontan de determinada manera sin padecer el mismo estrés que otras.
El mecanismo de estrés aparece por un peligro momentáneo pero en la mayoría de las ocasiones se presenta por estados emocionales que se repiten en nuestras vidas diariamente (como el atasco para ir al trabajo) o en el caso estados emocionales prolongados como la infelicidad por algún motivo concreto; en este caso está incluida una enfermedad.
Cuando nos encontramos enfermos nos encontramos en una situación de desamparo, no sabemos como va a discurrir la enfermedad ni en que procesos. No podemos predecir que va a suceder.
Por otra parte, en un primer momento, no podemos escapar de una enfermedad. Podemos ponernos en manos de profesionales e intentar que todo salga bien pero es normal que en algún momento aparezca la desesperanza.
La frustración que no se descarga va haciendo mella. A veces hay que liberar las emociones y apoyarse en los demás. Además de la enfermedad y del dolor, hay que cuidar los sentimientos.
Cuando el estrés sobrepasa ciertos límites comienza a afectar sobre nuestro cuerpo, a nuestra capacidad mental y a nuestro sistema inmunológico. El cuerpo está preparado para que en una situación normal as células de nuestro organismo dediquen su energía a renovarse constantemente y a reparar y crear nuevos tejidos, en caso de que haya mucho estrés las células se preparan para enviar energía a los músculos. Este mecanismo se denomina catabólico, frente al mecanismo anabólico que realizan las células en circunstancias normales. El organismo busca la energía que necesita y paraliza todos los procesos que no están destinados a ello.
El estrés causa fatiga, daños en las células nerviosas, destrucción de los músculos, interrupción de la menstruación, hipertensión, úlceras, pérdida del deseo sexual... dentro de una larga lista de problemas.
Compartir los sentimientos que causa la enfermedad con otras personas y aportar nuevos puntos de vista ayuda a sentirse mejor.
Evitemos caer en la desesperanza total. Quizás sea más difícil hacerlo a largo plazo, pero fijando metas de salud pequeñas y a corto plazo sentiremos que nos cuidamos y que estamos luchando contra la enfermedad.
Nunca jamás abandonarse, ni dejar un tratamiento porque uno cree que no va a servir para nada o que no hay remedio.
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