La
bulimia es un trastorno de la alimentación que se manifiesta por
crisis de apetito voraz e incontrolado que a veces se combina con rasgos anoréxicos.
Obsesión por las comidas y la alimentación.
Aumento del interés por el ejercicio físico.
Negación del hambre.
Abuso de laxantes y diuréticos.
Consumo de medicamentos que inducen al vómito.
Atracones de comida en secreto.
El paciente bulímico vive con ansiedad, sentimientos de culpa y autodesprecio. Su vida se centra en la alimentación, comer y expulsar lo ingerido, por medio de vómitos o laxantes. Por regla general, los atracones de comida se inician como compensación por un disgusto o fracaso llegando a ser un hábito.
Con frecuencia encontramos que sigue a una
anorexia que ha podido pasar desapercibida. La toma alimentaria, siempre solitaria, más o menos impulsiva, se hace a veces sin placer, en la desmedida y el desorden del engullimiento de cualquier alimento.
Se trata pues, de una descarga que tiende a perder toda especificidad, pero que tiene una función antidepresiva y ansiolítica, sobre todo de evitación de la actividad de pensar y de sentir, pero está seguida de sentimiento de vergüenza y de humillación.
Los cuadros bulímicos son mucho más frecuentes en las mujeres que en los hombres y suelen presentarse a partir de los 20 años. Normalmente los pacientes saben que sus comportamientos hacia la comida no son normales y son conscientes de que tienen un trastorno alimentario.
Existen dos subtipos dentro de la bulimia; por un lado, la llamada
bulimia purgativa, pacientes que después de la ingesta toman medicamentos que inducen al vómito o consumen laxantes. Por otro lado, la conocida como
bulimia no purgativa, pacientes que una vez acabado el atracón realizan ejercicio físico de forma exagerada para provocar la pérdida de peso deseada.
El tratamiento conlleva psicoterapia, medicación o una combinación de ambas. El paciente necesita aprender nuevos hábitos alimentarios, así como mejores formas de luchar contra los sentimientos negativos hacia la comida que causan su trastorno alimentario.
Desde el punto de vista farmacológico, se han utilizado fundamentalmente anticonvulsionantes, anorexígenos y antidepresivos. Según diferentes estudios, los fármacos antidepresivos han demostrado tener mayor eficacia terapéutica.
Por otro lado, dentro de la
psicoterapia se ha utilizado la modificación de conducta, el modelo cognitivo-conductual y la
psicoterapia de grupo, siendo esta última el método menos eficaz.
La decisión sobre la búsqueda de ayuda de un profesional ofrecida por la familia, suele ser motivo de enfado y grandes discusiones por parte del paciente, por lo que los especialistas aconsejan a las familias tener paciencia.
Si el problema continúa durante mucho tiempo, puede ser necesario el ingreso del paciente en un
centro especializado en trastornos alimentarios. La información y la comprensión por parte de la familia es vital para el éxito del tratamiento.