Antiguamente se creía que el dolor de espalda se debía siempre a alteraciones de la estructura de la columna vertebral, como las
escoliosis o hernias discales. Hoy en día se sabe que no es así.
El dolor de espalda aparece por un mecanismo neurológico que causa dolor,
inflamación y
contractura muscular. La mayoría de las veces no se sabe qué lo desencadena.
En algunos casos el dolor es causado por una alteración orgánica de la columna vertebral pero habitualmente no es así: la mayoría de las alteraciones de la forma de la columna vertebral son variantes de la normalidad, que no causan ningún problema y que presentan tanto las personas con dolor como las personas sanas que no sienten molestias.
La repetición de esfuerzos en posturas incorrectas o, sobre todo, la falta de una musculatura suficientemente potente, equilibrada y entrenada pueden ser factores que predisponen para el dolor de espalda. Otros factores que han demostrado aumentar el riesgo de padecer dolor de espalda son, por ejemplo, el miedo a padecerlo y la exposición a vibraciones.
Para evitar el dolor de espalda es importante evitar el reposo, mantener el mayor grado posible de actividad física, hacer ejercicio y aplicar normas de higiene postural como las que se indican.
Las fuentes más importantes y fiables de información son la historia clínica y la exploración física.
En contra de lo que se creía antiguamente, las radiografías son poco útiles para detectar la causa del dolor de espalda. Sólo cuando la historia clínica y la exploración física sugieren que es necesario, tiene sentido valorar la realización de las siguientes pruebas:
- Radiografías o análisis de sangre para descartar que el dolor se deba a enfermedades generales que se manifiestan en la espalda.
- Resonancia magnética. Hay que tener en cuenta que sus resultados no tienen valor por sí mismos. Lo hallado en la imagen debe correlacionarse con la historia clínica y la exploración física (por ejemplo, alrededor del 30% de las personas sanas tiene hernias discales que no dan problemas, y el hecho de verlas en una resonancia magnética puede inducir a prescribir tratamientos inadecuados).
- Pruebas neurofisiológicas. Sirven esencialmente para detectar la existencia de una compresión de las estructuras nerviosas o para hacer su seguimiento.
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