Riesgos
Ni la RCGP ni la AHCPR aconsejan el uso de la discografía, puesto que sus recomendaciones sólo van dirigidas a pacientes con dolores agudos (que duren menos de 3 meses) mientras que la discografía se utiliza en pacientes crónicos.
Actualmente, la discografía se usa más para provocar el dolor, y así confirmar que éste es debido a una
fisura discal, que para ver la
fisura misma, puesto que muchas de éstas no causan ningún problema.
Su uso sólo tiene sentido en aquellos casos en los que se sospecha que una
fisura discal sea la causa del dolor y éste sea tan intenso, frecuente y resistente a los tratamientos conservadores que parezca necesario realizar algún tipo de operación quirúrgica, como la colocación de una
prótesis de núcleo pulposo. En este caso, la discografía se usa para confirmar la existencia de la
fisura y, sobre todo, para comprobar si la prueba desencadena el dolor típico en el paciente, lo que sugeriría que aquél se debe realmente a la
fisura discal y que, por tanto, podría tener sentido operar.
¿Qué es?
Consiste en la inyección de una sustancia en el interior de la envuelta fibrosa del disco, donde se halla el núcleo pulposo. Esa sustancia ("contraste") no permite pasar los Rayos X. Una vez inyectada, se hace una
radiografía convencional, que muestra la distribución del contraste en el interior del disco. Si existe una
fisura en la envuelta fibrosa del disco, ésta se rellena de líquido y la
radiografía la detecta.
Qué permite
La discografía permite determinar si la envuelta fibrosa del disco está íntegra o, por el contrario, tiene fisuras o roturas. En los casos en los que el dolor de espalda se debe a una
fisura de la envuelta fibrosa, la inyección de contraste puede provocar el mismo dolor que sufre el paciente habitualmente. 1 La discografía puede doler. Además existe un riesgo, aunque mínimo, de
alergia al contraste, así como de irritación o
infección del disco ("discitis").