Básicamente es un aparato que hace muchas radiografías a la vez y desde distintos ángulos. Posteriormente, un ordenador reúne todas las imágenes y las transforma en una sola, que es la suma de todas las obtenidas desde los distintos puntos de vista.
El
escáner permite ver el hueso mejor que la resonancia magnética, pero ésta permite ver mejor los tejidos blandos, incluido el disco intervertebral. Por eso, y porque el
escáner implica una dosis importante de irradiación, actualmente sólo se recomienda su uso en aquellos casos en los que tiene interés ver el hueso, por ejemplo cuando se sospecha que pueda haber algún
tumor en su seno. También se recomienda cuando es necesario observar los tejidos blandos pero no se dispone de resonancia magnética.
El RCGP, basándose en la recomendación del Royal College of Radiologists británico, sugiere esperar 6 meses antes de prescribir un
escáner o una resonancia magnética a un paciente por dolor de espalda.
El
escáner no es doloroso pero tampoco inocuo; expone al paciente a una irradiación considerable, equivalente a la de varias radiografías a la vez.
Permite ver tejidos "blandos" -es decir, distintos al hueso-, que por su poca consistencia dejan pasar gran parte de los Rayos X, por lo que se ven mal en la
radiografía convencional. Históricamente no tuvo una gran importancia, pues fue la primera prueba diagnóstica no dolorosa que permitió ver imágenes del disco intervertebral.