Disminuir el dolor del paciente.
Antiguamente la
cirugía del dolor lesionaba los nervios que transmitían el dolor hasta el cerebro, con el objetivo de impedir su percepción. Sin embargo, ese tipo de
cirugía era agresiva y, además, tenía un alto índice de fracaso.
Actualmente ha demostrado ser más eficaz la
cirugía en la que se estimulan células nerviosas que impiden la transmisión del dolor. Se suelen implantar electrodos que estimulan esas células nerviosas o bombas que liberan fármacos.
Al margen de la cirugía, en las unidades del dolor se usan distintas técnicas cuya agresividad es progresivamente mayor en función de las necesidades del paciente, incluyendo desde la administración de calmantes muy potentes en la médula hasta la colocación de bombas de morfina. También se usa el apoyo de psicólogos para los casos en los que el paciente debe aprender a vivir con cierto grado de dolor.
Hay estudios que demuestran que en los pacientes en los que previamente ha fracasado la
cirugía de columna vertebral, es más eficaz la
cirugía del dolor que volver a operar su columna vertebral.
Los riesgos inherentes a toda cirugía.
Las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible no las incluyen, probablemente porque la
cirugía del dolor se entiende como un procedimiento de alta tecnología muy sofisticado y no específico del dolor de espalda, sino común a todo dolor intratable, por lo que sale fuera del objetivo encomendado a las recomendaciones elaboradas hasta la fecha.
La
cirugía del dolor se plantea en pacientes con dolores muy intensos y que resisten a todos los demás tratamientos.