Parkinson y depresión
Gemma Reimundez a jueves 01 de junio de 2006
La depresión, la demencia, los trastornos del sueño y el deterioro cognitivo son algunos de los síntomas no motores más frecuentes de la Enfermedad de Parkinson (EP), que afectan a un porcentaje muy importante de pacientes y que tienen un gran impacto en su calidad de vida. Por ello, los neurológos insisten en la necesidad de realizar una correcta identificación y un adecuado tratamiento de los mismos para mejorar su bienestar físico y mental. Precisamente, con el fin de profundizar en algunos de estos síntomas y alcanzar un mayor consenso en su diagnóstico y tratamiento se ha celebrado en las Palmas de Gran Canaria el 2º Seminario de la Enfermedad de Parkinson
Bajo el lema “Alteraciones no Motoras en la Enfermedad de Parkinson y Manejo Terapéutico”, neurólogos y geriatras de todo el país, además de otros profesionales sanitarios relacionados con las Unidades de Trastornos del Movimiento, se han reunido en torno a este encuentro científico que ha contado con el aval de la Sociedad Española de Neurología y el patrocinio de Novartis Neuroscience.
Y es que, actualmente, se sabe que la EP es algo más que una alteración del sistema nigroestriado dopaminérgico que interfiere en el movimiento de los pacientes, ya que afecta a otros sistemas relacionados con la cognición, el comportamiento, el estado de ánimo o la función autonómica del sueño, entros otros.
De hecho, estos síntomas son tan frecuentes que, por ejemplo, la práctica totalidad de los enfermos de Parkinson presenta algún grado de deterioro cognitivo; el 80 por ciento padece trastornos del sueño y el 50 por ciento, depresión. Además de estas alteraciones, hay que destacar la demencia, que se agrava a medida que pasa el tiempo, pudiendo afectar a la mitad de los pacientes a los cuatro años de evolución de la enfermedad.
Detectar los síntomas
Pero a pesar de ser tan frecuentes, su detección no es nada fácil para los neurólogos, “porque el paciente no los refiere, aunque afecte mucho a su calidad de vida”, explica el doctor José M. Arbelo González, responsable de la Unidad de Trastornos del Movimiento y Parkinson del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Insular de Gran Canaria y coordinador del Seminario.
El manejo terapéutico de estas alteraciones no motoras a menudo requiere la utilización de otros medicamentos adicionales al tratamiento farmacológico de la propia enfermedad del Parkinson. Así, según el doctor Arbelo, “en la actualidad existen fármacos antidepresivos o antipsicóticos muy eficaces en el control de tales síntomas”. Sin embargo, en ocasiones, el empeoramiento de estas alteraciones puede ser debido, no tanto a la evolución de la EP, como al fenómeno conocido como “wearing-off, que consiste en la reaparición de los síntomas cuando finaliza el efecto de la dosis de levodopa (el medicamento utilizado tradicionalmente para tratar esta patología) y antes de la administración de la siguiente dosis.
El “wearing-off” suele aparecer al cuarto año de inicio del tratamiento con levodopa y se hace cada vez más frecuente a medida que pasa el tiempo. Aunque los síntomas fundamentales que aparecen con el “wearing-off” son el aumento de la rigidez y de los temblores, también algunas alteraciones no motoras, como los trastornos del sueño y la somnolencia diurna, pueden empeorar a consecuencia de la medicación y, por el contrario, mejorar si la terapia está optimizada.
En la actualidad, es posible superar estas limitaciones terapéuticas y lograr un adecuado control de la enfermedad, asociando levodopa con otros medicamentos que aumentan la duración de la acción de este fármaco y reducen los síntomas del “wearing-off”. En este sentido, Stalevo®, un medicamento que combina la levodopa, la carbidopa y la entacapona, ha demostrado disminuir estos síntomas, a la vez que contribuye a mejorar la calidad de vida de los pacientes con Parkinson.
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