El frío es el enemigo principal para el hombre en las zonas nevadas.
Calentar las zonas congeladas si puede que vuelvan a estar expuestas al frío.
Fumar (agrava de manera importante las lesiones por su efecto nocivo sobre la circulación).
Intentar calentar las zonas congeladas por frotamiento, esto agrava las lesiones.
Emplee siempre la ropa adecuada; aislante térmica y transpirable.
Emplee guantes, orejeras y calzado adecuados.
Cámbiese inmediatamente de ropa cuando esta se moje.
Nunca toque una superficie metálica con la piel descubierta a temperaturas bajo cero.
Los líquidos volátiles, como la gasolina o el alcohol, pueden producir una congelación inmediata.
La piel debe recalentarse de manera gradual y siempre definitiva; no se debe empezar hasta estar seguro de que no volverá a exponerse al frío, ya que esto agravaría de manera importante las lesiones.
Los mejores sistemas son el agua tibia (!Cuidado¡, la temperatura del agua debe comprobarse mediante un
termómetro o por otra persona, la pérdida de sensibilidad puede hacerle creer a la persona con congelación que el agua no está tan caliente como en la realidad; la temperatura adecuada está entre 38 y 40 ºC), los paños calentados con una plancha o, en el caso de la nariz y orejas, con unas manos calientes.
Su médico le proporcionará analgésicos potentes (opiáceos como la codeina o el tramandol), ya que al recalentarse las lesiones estas empezarán a doler.
Según el grado de la congelación el tratamiento médico será no u otro. Las ampollas que aparezcan no deben romperse; si no se rompen expontáneamente se eliminarán.
Las congelaciones pueden tardar bastante tiempo en curar, y pueden dejar como secuelas sensibilidad excesiva, o su pérdida, reacciones vasculares al frío, como sabañones y Fenómeno de Raynaud (al calentarse tras estar expuestas las manos al frío estas se vuelven blancas (se cierran los vasos) y después rojas (se dilatan los vasos) con dolor que puede ser intenso).
Las congelaciones profundas deben ser tratadas en un hospital.
Las primeras señales de que el cuerpo se está enfriando más de lo aconsejable son la pérdida de tacto y entumecimiento de las zonas expuestas.
Inicialmente la piel está pálida y como aterciopelada, después, cuando las lesiones aumentan, se vuelve blanca. Al recalentar la piel es cuando se siente el dolor producido por la congelación.
Las congelaciones producen los mismos efectos que las quemaduras, clasificándose en tres grados como estas:
- Primer grado: Se afectan las capas más superficiales de la piel; se pierde la sensibilidad inicialmente y la piel se vuelve primero blanca y, al recalentarla, roja y dolorosa.
- Segundo grado: Existe una afectación de capas más profundas de la epidermis, que se ampolla tras unas 24 a 48 horas de recalentarla.
- Tercer grado: La congelación llega hasta la dermis o más adentro. Los tejidos se necrosan, ennegreciendo y perdiéndose toda la sensibilidad.
Cuando baja la temperatura las células no pueden realizar sus funciones, pudiendo llegar a la congelación literal de su interior, con la producción de hielo y destrucción por este de las mismas.
El viento y la humedad empeoran la situación, al transportar el calor corporal lejos del cuerpo.
Las zonas más sensibles son las más alejadas del
centro del cuerpo (extremidades) y aquellas que no están encima de masas musculares importantes, por recibir menos sangre que el resto (la sangre actúa calentando el cuerpo).
Dos apéndices especialmente sensibles, por el pobre aporte de sangre que reciben son las orejas y nariz.